Pero entonces, El Zorro recordó una técnica que había aprendido en sus tiempos de soldado. Con un movimiento rápido, desmontó a uno de sus atacantes y se apoderó de su espada.

"Vamos a tener que insistir", dijo.

El Zorro sonrió con ironía. "No somos más que un humilde caballero y su dama, de paseo por el bosque".